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FLASHY DIVA'S BIO
Tendencias 07/14
Prensa
Pensamiento

"Tengo la situación bajo control.
Domino mi espacio y mi contenido.
Mi vacío hueco.
O los distintos objetos que guardo por docenas.
Siempre sé qué es lo que poseo, lo que puede no estar o lo que falta.
Para estudiar mi fisonomía quizá no haga falta pensar mucho.
Pero visto más de cerca soy casi divino y merecedor de grandes viajes.
Un auténtico compañero de amor y consuelo, reconocimiento, el conocido.
He sido sostenido con la fuerza y pasión amorosa por una dama y sus valores.
Ella me hace subir por mil escalones, sujetándome y sin ignorarme jamás.
Y yo estoy ahí para calmarla, darle equilibrio o ser testigo.
A veces revuelve en mi alma en busca de cosas necesarias, como barritas pintadas y espejos que guardo con cariño.
Busca hacia dentro y allí encuentra mi sagrado espacio interior.
Lleno de barras pintadas y espejos,
soy el bolso de mi dama."

David Roby
Prensa
19/04/2009 - Pagina 12

Efecto Cenicienta

EL LUJO DE LOS ACCESORIOS FEMENINOS CAROS Y EXCLUSIVOS AHORA SE PUEDE ALQUILAR
Carteras, relojes, sombreros. Joyas, lentes, anillos. Los objetos de marcas internacionales carísimas que llegan a costar miles de dólares ahora se pueden lucir en una fiesta o reunión por sólo un puñado de ellos. La exclusividad en alquiler.

Efecto Cenicienta


Cuenta la historia que en 1923, la señora Vanderbilt invitó a Gloria Morgan –su reciente nuera y futura madre de la diseñadora de jeans Gloria Vanderbilt– a almorzar y le preguntó si tenía perlas. Ante la negativa, la mujer pidió una tijera al mozo, cortó su propio collar y se lo entregó, diciendo “todas las mujeres Vanderbilt tienen perlas”. Las perlas dan cierto refinamiento a quienes las lucen. Lo mismo pasa con algunos accesorios de marcas internacionales como carteras, relojes o sombreros. Y como no cualquiera tiene una suegra de apellido Vanderbilt que pueda regalarle sus originales joyas, ya hay empresas que alquilan objetos de lujo para que quienes no puedan resistirse el encanto de lucir una cartera Fendy o lentes de Versace los tengan al menos por unos días.

Algunos lo llaman “efecto Cenicienta”: por tres días o una semana, se puede lucir diferente, hasta que dan las 12 y hay que devolver lo alquilado. Otros le dan el nombre de “transumo”: otro modo de consumo en el que lo que prima es optimizar las compras, pagando sólo aquella fracción de consumo que se necesita. “¿Por qué gastar un dineral en tener un armario repleto de bolsos si podemos cambiar de modelo todas las semanas?”, se pregunta una analista de tendencias en la web.

Ana Alfonzo, una uruguaya que vive en la Argentina desde hace cinco años, empezó en 2007 con la propuesta de alquiler de carteras, a la que le fue sumando la de otros accesorios como relojes, anteojos o collares. Es analista de sistemas y trabajaba en un banco, pero la moda siempre fue una debilidad para ella. “Cuando viajé vi que la tendencia en el mundo se estaba masificando. Me parecía interesante porque a la argentina le gusta mucho el producto importado y además son cosas difíciles de conseguir en el país porque sólo llegan dos o tres marcas a la avenida Alvear”, dice. Su negocio se llama Flashydivas (www.flashydivas.com) y es virtual. En la página web se puede ver un catálogo de 32 carteras de marcas internacionales como Luis Vuitton, Marc Jacobs, Prada, Chloe, Gucci o Escada, cuyo costo, si se quiere comprarlas, supera los tres ceros, pero allí pueden alquilarse desde un 10 a un 30 por ciento de su valor. “Se alquilan por un mínimo de tres días carteras de fiesta que van de 140 a 190 pesos. La cartera más cara es la Dior Gaucho, que por siete días sale 570 pesos, mientras que su precio es de 1800 euros y no se consigue acá”, cuenta Alfonzo. El negocio se difunde por el boca en boca de gente que vivió muchos años en el exterior y no le tiene miedo a alquilar y lo ve como una modalidad de consumo. La ventaja, señala Alfonzo, no es sólo económica, “las mujeres no podemos estar con la misma cartera durante toda la temporada, y así vamos cambiando. Es una posibilidad más”. Sus clientas ya tienen productos similares y deciden alquilar para tener más variedad. Son en su mayoría mujeres de entre 30 y 40 años, de nivel socioeconómico alto, de las zonas de Palermo (Figueroa Alcorta y Libertador), Puerto Madero, barrios cerrados en general y zona norte del Gran Buenos Aires.

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En parte, estos negocios vienen a solucionar aquello que muchas veces se resuelve entre amigas, hermanas o parientes varias: los llamados desesperados pidiendo un collar o un sobre especial para llevar a ese casamiento que las agarró desprevenidas o a esa fiesta de la empresa en la que no saben qué ponerse. Son también una opción más que tentadora para las fashion victims, mujeres que son capaces de dejar de comer por meses con tal de andar con el objeto de su amor colgado de sus hombros. Y por supuesto un negocio prominente para sus pioneras. Alfonzo, por ejemplo, ya baraja posibilidades de franquicias en Chile y Colombia. La crisis global, dice, poco importa. Justamente, éste es un negocio para momentos así, donde la gente que está acostumbrada a gastar plata en accesorios de marca puede seguir teniéndolos, como la Cenicienta, mientras dure el hechizo.